Wednesday, July 28, 2010

Aquel camino largo a mi refugio

Cuando el viento se mezcla con el suave perfume que te rodea, y caminas kilómetros sientes que la brisa roza tu cara desnuda y te da vida, esa vida que no da un refugio de hogar, es la energía de la naturaleza que te envuelve con sus brazos cuando nos disponemos a caminar y recorrer con nuestros pies sus dulces tierras, su fragancia a flores, a hierba, ese aroma a viento que solo podemos sentir cuando la tierra nos envuelve en su refugio de sensaciones, nos envuelve como si ese fuera nuestro verdadero hogar y nos llena de vida.
Y no es extraño que cuando caminemos, una sonrisa se refleje en nuestro rostro, es tal la vitalidad que te entrega, incluso en días de lluvia, cuando queda tanto por caminar y el agua golpea sobre tu cara, tus ojos, y no puedes ver nada, pero sabes que en algún momento la lluvia parará y tus caminos no siempre serán lluviosos, sino que habrán días que lo acompañará un hermoso sol, que dispondrá que abandones algunas de tus prendas, porque en tu caminar entrega energía y enseña que aunque un día sea frío por las mañana siempre existe en algún momento del día que lo intenta solucionar, ahí esta el sol siempre, enseñándonos una vez más que lo bueno realmente existe, y no es que la lluvia sea mala, más bien te enseña a caminar más rápido, a declinar nuestra cabeza cuando nos golpea de frente y no podemos ver el camino, nos enseña que tenemos un paraguas para protegernos y que si lo deseamos podemos danzar con él bajo la lluvia, saltar sobre las posas de agua, esta desolado nadie nos ve danzar, y la lluvia con sus brazos te envuelve te moja, te alegra, te abraza, danzas con ella y giras, ríes, y viene el viento y sientes que vas a volar, te sostienes, continuas tu camino, hasta que al final del camino siempre hay una recompensa, ese aquel refugio incomparable que esta siempre lleno de amor.

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